
Esta foto me encanta. Para mi gusto es una de las mejores que he tomado desde que dispongo de cámara digital, y supongo que es tan buena (a mi juicio, claro) porque salió casi de rebote, de casualidad, pues la hice con el brazo estirado hacia atrás, sin mirar la pantalla. Más allá del preciso enfoque de la novia y de la perfecta luminosidad, así como del estupendo y nítido desenfoque de la catedral de Aix-en-Provence, hay que resaltar esos dedos del novio en la cintura de su aún prometida y la firmeza de la mano que sujeta la cola del vestido, la firmeza de una niña encantada con su rol, con su responsabilidad. Hasta el ramo quedó perfectamente encuadrado. Pueden haber casualidades cuando haces una foto, de acuerdo, pero qué fantásticas son a veces. Por otro lado cabe comentar un detalle muy curioso: parece que allí no es costumbre esperar a la novia en el altar, sino que se entra justo delante de ella en el templo; el novio del brazo de su madre y la novia del brazo de su padre.
1 Comments:
he caigut per aquí i si, Gaudeixo de les teves fotos, de les teves lletres, Gràcies.. m'agrada..
Fins aviat
Petons
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